Mucha gente piensa que si su gato come un buen pienso ya está todo hecho. Y no. El problema es que el gato no está diseñado para hidratarse bebiendo agua como lo haría un perro o una persona. Por naturaleza, obtiene la mayor parte del líquido a través de las presas que caza, te lo cuento todo bien.
El gato es un animal del desierto. Evolucionó sobreviviendo en zonas áridas y desarrolló una capacidad muy eficiente para ahorrar agua. Por eso bebe poco y rara vez siente sed, incluso cuando realmente necesita hidratarse. El problema llega cuando un gato doméstico se alimenta principalmente de alimento seco por muy completo y de buena calidad que sea, porque el pienso apenas tiene humedad.
Para hacernos una idea, un ratón o una presa natural tiene aproximadamente un 70% de agua. La comida húmeda también suele rondar esos porcentajes. Sin embargo, el pienso suele tener alrededor de un 7-10% de humedad. Es una diferencia enorme.
Muchos gatos alimentados solo con pienso viven en una ligera deshidratación constante sin que el tutor se dé cuenta y sin que el gato muestre un problema visible. Y eso, con el tiempo, puede acabar pasando factura, sobre todo a nivel renal y urinario.
Los problemas de riñón son extremadamente frecuentes en gatos, especialmente a medida que envejecen. También son muy comunes los problemas urinarios, cristales, cistitis o bloqueos. Evidentemente no todo depende de la alimentación, pero la hidratación juega un papel muy importante.
Aquí es donde entra la comida húmeda.
Aunque un gato tome pienso, añadir comida húmeda diariamente ayuda muchísimo a aumentar la ingesta de agua de forma natural, sin obligarle a beber más. Porque la realidad es que muchos gatos simplemente no van a compensar esa falta de humedad bebiendo suficiente agua del cuenco. Además, algunos gatos son muy exigentes con esto: unos prefieren agua en movimiento, otros la quieren lejos de la comida, otros rechazan ciertos materiales del bebedero… y aun así siguen bebiendo menos de lo que deberían.
Por eso la comida húmeda no debería verse como “un capricho” o “un premio”. Debería formar parte de la alimentación habitual del gato.
Y aquí viene otra cosa importante: no todas las comidas húmedas son iguales.
Muchas latas del supermercado tienen cereales, azúcares, subproductos de baja calidad o composiciones bastante pobres. Lo ideal es buscar comidas húmedas con alto porcentaje de carne o pescado, ingredientes claros y sin rellenos innecesarios.
Cuanto más natural sea la alimentación, mejor.
De hecho, lo más fisiológico para un gato sería una alimentación natural bien formulada o una dieta basada principalmente en comida húmeda de buena calidad. Porque es lo que más se parece a cómo comería un gato en la naturaleza: alimento rico en proteína animal y con mucha humedad.
Eso no significa que todo el mundo tenga que dar dieta BARF ni cocinar para su gato obligatoriamente. Pero sí entender que un gato alimentado exclusivamente con pienso seco no está recibiendo la hidratación natural que su cuerpo espera.
Muchas veces vemos gatos que apenas beben agua y la gente dice “es que mi gato nunca bebe”. Claro. Es normal en ellos. El problema es cuando tampoco reciben humedad a través de la alimentación.
Incluso en gatos jóvenes puede notarse diferencia cuando empiezan a tomar húmeda de forma diaria: mejor hidratación, orina menos concentrada, más saciedad, mejor digestión y, en muchos casos, menos ansiedad con la comida.
Y en gatos mayores todavía es más importante. Los riñones van perdiendo capacidad con la edad y mantener una buena hidratación ayuda muchísimo.
Uno de los mitos y que en algunas personas genera rechazo la comida húmeda es porque piensa que engorda más, cuando normalmente ocurre justo al revés. Muchas comidas húmedas tienen menos carbohidratos y más saciedad. En gatos con sobrepeso suele ser mucho más recomendable aumentar húmeda que seguir abusando del pienso, y habría que mirar por qué está engordado ese animal en concreto.
Al final, no se trata de demonizar el pienso. Hay piensos mejores y peores, y puede formar parte de la alimentación. Pero cuanto más podamos acercarnos a una alimentación rica en humedad y proteína animal, mejor para el gato.
A veces pequeños cambios marcan una gran diferencia. Añadir una o dos tomas de húmeda al día ya ayuda muchísimo, porque un gato no necesita beber más por voluntad propia, necesita obtener agua como lo haría de forma natural: a través de la comida.